LA AUTOEXIGENCIA
Ser autoexigente tiene varios aspectos positivos. Te impulsa a mejorar constantemente, desarrollando disciplina y compromiso, lo que te permite terminar las actividades sin posponerlas. Además, te ayuda a alcanzar metas ambiciosas que, en un principio, pueden parecer inalcanzables. Fomenta la responsabilidad y el sentido del deber, ya que superar desafíos difíciles genera una gran satisfacción. También fortalece la perseverancia y la resiliencia, cualidades esenciales para destacar en cualquier área que te propongas.
Sin embargo, la autoexigencia también tiene su lado negativo. Puede generar altos niveles de estrés y ansiedad al no cumplir con las expectativas que te impones. En ocasiones, las metas pueden ser tan irreales que, al no lograrlas, terminas desanimado. Puede hacerte sentir que nunca es suficiente, que siempre podrías hacer más y que no hay tiempo para descansar. Incluso cuando alcanzas tus objetivos, es posible que no los disfrutes porque sientes que podrías haberlo hecho mejor. Esto puede provocar un agotamiento mental y físico severo, impidiéndote disfrutar del proceso de aprendizaje y crecimiento. Además, el miedo a no hacerlo perfecto puede llevarte a la procrastinación. La comparación constante con los logros de los demás puede hacerte dudar de tus propias habilidades y sentir que no has avanzado lo suficiente.
Algunas frases comunes que suelen surgir en una mentalidad autoexigente son:
• “Si no lo hago perfecto, mejor no lo hago.”
• “Podría haberlo hecho mejor.”
• “No tengo derecho a descansar, aún tengo cosas pendientes.”
• “Si fracaso, significa que no soy lo suficientemente bueno.”
• “Si no soy el mejor, no vale la pena intentarlo.”
Para encontrar un equilibrio, es importante:
• Aprender a reconocer y celebrar cada pequeño logro.
• Establecer metas realistas y flexibles.
• Practicar la autocompasión y permitirte cometer errores, ya que también se aprende de ellos.
• Descansar sin sentir culpa; relajarte y recordarte que te lo mereces.
• Separar tu valor como persona de tu desempeño.
• Evitar compararte con los demás; cada persona tiene su propio ritmo y proceso.
• Cambiar el enfoque de “ser el mejor” a “hacer lo mejor posible”, porque, aunque no siempre seamos los mejores, sí podemos dar lo mejor de nosotros.
La autoexigencia puede ser una herramienta poderosa si se maneja con equilibrio. Es clave encontrar un punto medio donde te impulses a crecer sin perder el bienestar en el camino.